
El 16 de agosto de 1977 Elvis Aron Presley dejó el mundo de los vivos para pertenecer a la eternidad de la música universal. Su muerte ha sido la más prolífica de la historia y él encabeza, año tras año, la lista de ventas de artistas fallecidos. Sin duda, la gran leyenda que le acompaña desde hace más de 30 años, ha tenido algo que ver.
Su nombre mal escrito en la lápida, que no fuera enterrado junto a su madre como él había declarado en su última voluntad o que su familia no haya cobrado el multimillonario seguro de vida han contribuido al mito de que “Elvis está vivo”
Si bien jamás se ha demostrado este rocambolesco hecho, es una de las leyendas urbanas más extendidas del siglo XX y para que esto suceda, alguien ha tenido que estar muy interesado en dejar abierta esa posibilidad.
La hipótesis es la siguiente: los cercanos al “Rey del Rock”: tanto familiares como managers, pasando por magnates de discográficas e incluso fans han realizado grandes esfuerzos para que siempre se mantuviera viva la leyenda de la muerte fingida. Quizás los avispados componentes de ese exclusivo grupo llegaron a la conclusión de que era más práctico no cobrar el seguro de vida para que hubiera especulaciones y repercutiera a su vez en unas mayores ventas de discos, que multiplicarían por X el valor de la indemnización.
Una estrategia sin escrúpulos, maquiavélica y prehistórica, que puede estar repitiéndose en nuestros días, con el Rey, en este caso del Pop.
Hay sucesos que realmente dan que pensar: su padre dice no haber visto el cuerpo, sepelio tardio y privado, el féretro cerrado en el funeral, todos esos vídeos que circulan por la red, que se filtrara casualmente ahora una canción de su época de los 80 llamada “en un lugar sin nombre”…
¿y si la familia de Michael Jackson ha contratado a algún inmoral director de comunicación para llevar a cabo este teatro?
Diego Celma Herrando
Imagen: elpaís.com